Calavera literaria de sátira política
Por Fernando Sandoval
La Calaca llegó a Cholula
con su libreta y su guadaña,
buscando al PRI de San Andrés,
¡pero encontró pura telaraña!
—¿Quién dirige este partido?
—preguntó con gran sorpresa.
—Dicen que Rosa María Valencia,
¡pero no aparece ni en la mesa!
Rosa María Valencia Alquicires,
así dicen que es la presidenta,
pero la Flaca anda preguntando
y nadie le da respuesta.
—¿Será que gobierna en secreto?
¿Será que vive en otro lugar?
¡Porque si dirige al priismo,
nadie la ha visto trabajar!
Y la Muerte, muy molesta,
se puso a reflexionar:
—Si el PRI vive hasta el último,
¿quién lo piensa levantar?
Recordó entonces a Alfredo Torres,
de aquellos tiempos de trajín,
que trabajaba con unos y otros,
sin preguntarles su confín.
—¡Ay, Alfredo! —dijo la Huesuda—,
qué manera de caminar,
con gobiernos de todos los colores
siempre te podían encontrar.
Y aunque a muchos les incomode
lo que aquí voy a contar,
en los pueblos hay memoria
y mucho se llega a comentar.
También hay quienes presumen
de escritores de gran talla,
pero la Flaca busca sus libros
¡y no encuentra ni una página!
—Mucho título y mucha pose,
mucha pluma y vanidad;
si presumes de escritor,
¡que tus libros hablen de verdad!
Por ahí apareció Cristal Chantes,
y Aldo Tecpanécatl también;
la Calaca revisó la historia:
—¡Cuántos nombres han pasado,
pero el PRI no acaba de estar bien!
Familias enteras desfilaron,
generaciones de priismo y poder;
pero hoy las viejas lealtades
se comienzan a deshacer.
Hasta Paco Coatl, priista,
en las filas del PAN terminó;
y la Muerte soltó una carcajada:
—¡Qué vueltas da la política,
quién lo iba a decir, señor!
Pero no culpen solamente
a quien cambia de color;
si el partido ofrece promesas
y no responde a su gente,
se marchita hasta el fervor.
La Calaca miró hacia arriba
y lanzó una acusación:
—¿De qué sirve hablar de unidad
si desde el centro hay decepción?
Si a la militancia le prometen
apoyos, recursos y atención,
pero nunca llegan las respuestas,
se enfría hasta el corazón.
Y entre los nombres del recuerdo,
Luz María Díez de Urdanivia,
candidata de lealtad al partido,
también pasó por esta historia.
La Flaca anotó en su libreta:
—La lealtad merece memoria,
pero ningún partido sobrevive
alimentándose de su historia.
Luego apareció Gustavo Rosas Xomitl,
el gasero mayor, según la tradición;
hubo fuerza, hubo presencia,
pero también hubo una lección.
Es ilógico que hoy sus sobrinos
busquen el poder, dos en MORENA
Gustavo y Cristina y la otra tambien
pobre Leticia tambien quiere ser,
¿Que por Nueva Alianza quiere ser?
Será que son negociaciones para
ver que van a sacar, saben que son perdedores
algo han de ganar.
—Quien alguna vez tuvo fuerza
no la conserva por decreto;
si se pierde el rumbo político,
ni el recuerdo salva el proyecto.
Después llegó el xalapeño Mange,
conocedor de grupos y reunión;
la Calaca le dio una palmada:
—¡Mucho grupo y mucha charla,
pero hace falta organización!
Y cuando parecía que el PRI
ya no podía dar más sorpresas,
apareció el doctor Arriaga,
con su estatura pequeña
y su sonrisa bonachona,
según cuentan en las mesas.
—¡Ay, doctor! —dijo la Flaca—,
no basta con ser conocido;
si la política es una carrera,
hay que entender dónde está el camino.
De Hidalgo llegó a Cholula,
con aspiraciones y emoción;
pero en aquella competencia
no encontró la consagración.
Y la Muerte, sin anestesia,
le dejó esta reflexión:
—No basta salir en la foto
si no se convence a la población.
Llegó después el regidor Carranza,
y la Calaca alzó la ceja:
—Con ese nombre, ¡avanza!,
pero la política no es cosa añeja.
Del PRI a Movimiento Ciudadano,
y entre aplausos al PAN,
la Huesuda sacó cuentas:
—¡Cuántas vueltas da la vida
cuando cambian las conveniencias
y los intereses van detrás!
Y si de cambios se trata,
también apareció Charvelito;
priista de antigua camiseta,
con el Verde encontró otro caminito.
—¡Qué bonito es el ecologismo
cuando conviene al bolsillo!
—dijo la Flaca entre risas—.
Pero el voto no es un recibo
ni la militancia un estribillo.
La Calaca cerró su libreta
y se sentó junto al panteón:
—El PRI de San Andrés Cholula
no necesita otra explicación.
Necesita dirigentes presentes,
trabajo, calle y convicción;
menos nombres en las listas
y más gente en la organización.
Que no se engañe la militancia
con discursos de ocasión;
las siglas no hacen milagros
si no existe dirección.
Porque el pueblo tiene memoria,
aunque alguno finja olvidar;
las verdades no pecan, dicen,
¡pero incomodan al escuchar!
Y antes de marcharse a la tumba,
la Calaca dejó su sentencia:
«El PRI de San Andrés no está muerto
por falta de historia o tradición;
si hoy no aparece en el pueblo,
que revise su dirección.
No se vive de apellidos,
ni de promesas, ni de honor;
se construye con trabajo,
con presencia y con valor.
Y quien presuma de dirigente,
de escritor o de operador,
que demuestre con hechos
lo que proclama con fervor».
La Flaca se fue silbando,
con su guadaña y su morral:
—¡En política no hay fantasmas
que puedan esconderse eternamente!
Porque cuando el pueblo pregunta
quién trabaja y quién está ausente,
ni la muerte tapa las huellas
ni el silencio engaña a la gente.
¡Y que viva la calavera,
con su crítica y su verdad:
en San Andrés, hasta la Muerte
pide cuentas al priismo local! 💀





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