miércoles, 26 de octubre de 2022

Las verdaderas hipocresías de las tradiciones de una aculturación

  

Las verdaderas hipocresías de las tradiciones de una aculturación 

 

Fernando Sandoval

 

 

En esta ocasión, compilar la información de la escritora Sofía Guadarrama Collado, quien en  sus redes sociales en noviembre de 2020, mencionó la realidad que muy pocos conocen y que solo algunos investigan o leen.

 

Les dejo el presente ensayo:

 

 

 

 

“¿Eres de los que odia el Halloween porque no pertenece a “tus raíces” prehispánicas?

 

 

¡Sorpresa! El día de muertos tampoco…

 

 

Si para celebrar a tus muertos cortas en el bosque un árbol llamado Xócotl, le quitas la corteza, lo adornas con flores, y alrededor de éste desollas mujeres, decapitas niños, sacrificas prisioneros y animales y realizas danzas, al son de los teponaxtles frente al fuego toda la noche, con un penacho y cascabeles en los pies, sí puedes decir que celebras el auténtico días de muertos azteca. (Ojalá que no lo hagas).


Al igual que el mariachi, el día de muertos es parte de nuestro mestizaje: una fusión de nuestra herencia española y azteca, maya, purépecha, totonaca, y muchas etnias más. México es un país pluricultural y pluriétnico. Comenzando por la fecha. El 2 de noviembre (originalmente 1º de noviembre) fue impuesto por el Papa Gregorio III, en el año 741, para celebrar el Día de todos los Santos y Todas las Almas; exactamente lo mismo que celebraban los ingleses en la iglesia ortodoxa, llamado All Hallow's Eve, (Vigilia de Todos los Santos), que en Estados Unidos transmutó en Halloween.


Los mexicas lo celebraban en el noveno mes del calendario azteca (al inicio de agosto), y duraba poco más de veinte días. Los aztecas no comían pan de muerto. El pan es un alimento traído de Europa; y el pan de muerto, además de ser una fusión de lo mexica y lo español, es una representación de la eucaristía, agregada por los evangelizadores españoles a las celebraciones de los mexicas entre 1530 y 1600.

 

Lo nahuas No escribían “calaveritas”. De hecho, los mexicas no tenían una grafía (o sea, no escribían con letras o palabras), ni los mayas ni los mixtecos ni el resto de las etnias en el continente americano. Lo que hoy conocemos como náhuatl escrito, surgió tras la llegada de los españoles.


En la era prehispánica conservaban cráneos como trofeos y los exponían durante los rituales para simbolizar la muerte. Cabe aclarar: no eran cráneos lavaditos, sino cabezas que podían haber sido decapitadas días antes. Claro, también había cráneos de mayor antigüedad.

 

Los aztecas No comían calaveritas de azúcar. Los mexicas no conocían dicho producto. El chocolate lo bebían amargo. Endulzaban algunos alimentos con miel o frutas. El azúcar llegó a América en agosto de 1492, gracias a Cristóbal Colón, quien la trajo de las Islas Canarias. Luego se cultivó en la isla de La Española (hoy en día Haití y República Dominicana) en 1501; y en los años siguientes en Cuba y Jamaica. A México Tenochtitlan llegó gracias a Hernán Cortés.

 

Y finalmente, “La Catrina” no proviene de los mexicas. Es una sátira creada por el caricaturista José Guadalupe Posada que en tiempos del juarismo y el porfiriato se burlaba de los mestizos e indígenas que iban subiendo de nivel económico y pretendía ser europeos y renegaban de su propia raza, herencia y cultura. Se les llamaba los “garbanceros”, precisamente por dedicarse al cultivo y venta de garbanzos. Entonces José Guadalupe Posada, creó “La Calavera Garbancera” para expresar que los garbanceros andaban «...en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz». Diego Rivera la nombró “La Catrina”, de la palabra “Catrín”, que definía (a veces de forma despectiva) a la clase social alta, y la eternizó en su mural “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”, (la calavera con su estola de plumas aparece junto a José Guadalupe Posada, Diego Rivera como niño y Frida Kahlo).

 

La Catrina que hoy conocemos es una invención popular, el resultado de la pésima memoria colectiva de los mexicanos, algo que se desprendió de su origen y que ya no representa una crítica social; es simplemente lo que la gente quiere ver: una calavera graciosa que se burla de la muerte, en un país en el que irónicamente se lamentan miles de homicidios el resto del año.

 

Así pues las tradiciones son como la creación del doctor Víctor Frankenstein: un monstruo hecho de los restos de cadáveres. Probablemente dentro de cien años el desfile del día de muertos que nos heredó la película “Spectre 007”, será uno de los eventos más populares de México y la gente creerá que se hacía desde tiempos de los aztecas.”

 

 

En verdad son pocos ensayos de las redes, que merecen más que pasar desapercibidos.

 

Luego les contaremos más de la escritora y del día de muertos que no tiene nada que ver con lo prehispánico.

 

¡Que cosas!

 

 

 

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